Al día siguiente nos despertó un sol brillante y una paloma picoteando el vidrio de la ventana del cuarto del hotel. Estamos a pasos del Termini, estación de trenes que impresiona cuando entras. ¡Parece un aeropuerto atestado de personas con maletas y bolsos corriendo por los pasillos interminables. Los «carabinieri» nos dieron la bienvenida. Risueños y parlanchines, hablan a los gritos, rápido, como metralletas... «buon giorno, signora!


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